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Homosexualidad y Derecho
A los homosexuales y lesbianas nos invaden miles de interrogantes cuando
comenzamos a asumir y a aceptar nuestra orientación.
Una de ellas puede reflejarse en la primera página del libro
"Demian", de Herman Hesse. Al respecto, el autor señala,
con admirable sensibilidad, lo siguiente: "Quería tan sólo
intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente
de mí. ¿Por qué habría de serme tan difícil?"
La naturaleza y alcances de las respuestas que las minorías sexuales
encontramos para esta pregunta, se encuentran directamente relacionada
con el tipo de educación recibida, con el grupo sociocultural
y económico al cual se pertenece y con las características
particulares de cada individuo.
A pesar de la gran variedad y cantidad de respuestas que pueden encontrarse
lo cierto es que todas ellas pueden sintetizarse en una sola idea y
es la discriminación proveniente de una cultura caracterizada
por la hegemonía de los pensamientos oficiales.
El tipo de conocimiento y cuestionamiento que cada uno haga a los discursos
institucionalizados tiene, por consecuencia, la adopción de una
actitud y una conducta específica frente a la discriminación.
De esta forma, habrá quienes perderán su independencia
analítica legitimando completamente la situación de inferioridad
en las cuales la macro- sociedad ubica a determinados sectores sociales.
Otros, en cambio, no compartirán los "valores" y la
"moral" pública, llegando a comprender al mundo y a
sus propias personalidades desde su verdadera realidad.
Así las personas, sean heterosexuales u homosexuales, pueden
llegar a "saberse a sí mismas" y no a partir de lo
que los otros dicen que "soy".
En este caso, pueden adoptarse, sin embargo, dos conductas: una pasiva
y una activa.
La primera, para efectos de esta ponencia, estará constituida
por aquellas personas que a pesar de no compartir, y al mismo tiempo
criticar, la cultura predominante, no aspiran a canalizar sus inquietudes
por medio de algún tipo de lucha.
La segunda, en cambio, se inquieta por hacer algo al respecto, siendo
en esta categoría donde pueden ubicarse, entre otros tipos de
expresiones, a los movimientos sociales.
En efecto, todos los grupos sociales, en algún momento de sus
historias, han tenido que luchar por la defensa de sus intereses. Estos
sectores, han sido guiados por personas que presentan las demandas ante
los diversos poderes. Así ocurre con la comunidad negra, con
los indígenas, con las mujeres, con los trabajadores y, por supuesto,
con los homosexuales.
Quienes nos agrupamos en movimientos sociales con el paso del tiempo,
y en concordancia con la experiencia adquirida, vamos elaborando diversas
estrategias políticas para contribuir a la igualdad de los derechos.
Tales estrategias, están directamente relacionadas con el tipo
de respuestas que encontramos frente a los problemas que nos aquejan.
Cuando una parte de los gays organizados nos preguntamos "¿por
qué es tan difícil ser lo que soy?", la respuesta
espontánea fue la discriminación y el rechazo social.
El punto era, entonces, estudiar y conocer la naturaleza y origen de
tal realidad.
La discriminación contra los homosexuales es parte del sentido
común que fue generándose por pensamientos impuestos desde
diversos sectores como las elites, los Estados, las religiones, los
medios de comunicación y las ciencias.
El problema mayor es que tal sentido común, ya es cultura, y
por tanto, pasarán muchos años para que la homosexualidad
sea concebida como una orientación normal y natural.
Cuando los gays organizados irrumpimos en la escena pública en
1991, fundando el Movimiento de Liberación Homosexual, comprendimos
al instante que cualquier lucha que emprendiéramos no provocaría
cambios culturales mágicamente.
Por ello, nuestro trabajo se centró en colocar en el debate público
la realidad de los homosexuales chilenos.
Al respecto, elaboramos una estrategia política de amplio espectro,
destacando entre sus objetivos la derogación o transformación
de leyes que discriminaran explícita o implícitamente
a los homosexuales.
A continuación me referiré entonces a la ley 11.625 sobre
Estados Antisociales, al artículo 365 y 373 del Código
Penal Chileno y a dos proyectos de ley. El primero busca la legalización
de las parejas gays y el segundo incorporar en la legislación
chilena la no discriminación por orientación sexual.
Una de las leyes que pesó fuerte sobre la comunidad gay fue
la 11.625 sobre Estados Antisociales, impuesta el año 1954 por
el entonces presidente Carlos Ibáñez del Campo.
Dicha ley consideraba a los homosexuales una escoria que se asimilaba
a los delincuentes habituales, pero con una diferencia: se los consideraba
enfermos a los cuales se podía rehabilitar internándolos
o sometiéndolos a la vigilancia del Patronato de Reos.
Según lo señala un reportaje efectuado por la revista
"Los Tiempos" en 1993, "Ibáñez del Campo
barría del mapa a los homosexuales utilizando un barco donde
a estas personas se les colocaba una soga al cuello y una enorme piedra"
, para luego lanzarlas al mar.
Aunque esta realidad parece ser lejana y propia de una intolerancia
que sólo podría explicarse con la "moralidad del
pasado", lo cierto es que seis años atrás un grupo
denominado "Carlos Ibáñez del Campo" se adjudicó
el atentado contra la discoteque "Divine" de Valparaíso,
en donde murieron 25 personas homosexuales a raíz de un incendio
que destruyó por completo el recinto.
Las investigaciones policiales sobre esta tragedia nunca fueron emprendidas
seriamente y los organismos judiciales tampoco se esforzaron por hacer
justicia. Así este caso, como muchos otros donde los afectados
son homosexuales, se archivó, determinándose que la causa
del incendio fue un cortocircuito.
A pesar de todo, los homosexuales organizados no perdimos fuerza.
Es así como nos centramos con mayor vehemencia en una lucha iniciada
en 1991. Me refiero a los trabajos desarrollados para la derogación
del artículo 365 del Código Penal.
Dicha disposición castigaba a los homosexuales desde 541 días
a tres años y un día de presidio por prácticas
sodomíticas en cualquiera de sus expresiones. Lo anterior implicaba
que a pesar de existir mutuo consentimiento entre los involucrados,
las relaciones homosexuales masculinas eran sancionadas, ya fueran efectuadas
por mayores de edad y en lugares públicos o privados.
Al respecto, debo aclarar que no existen antecedentes acerca de la aplicación
del artículo 365. Sin embargo, no está demás decir
que tal disposición legitimaba desde el Estado la discriminación
cultural y legal contra los homosexuales.
Cultural, porque, como bien es sabido, en este país la educación
estatal es transmitida con reglas y valores que son presentados a los
ciudadanos como absolutos e incuestionables y, legal, porque el 365
dejaba evidente que el respeto por la vida privada e intimidad de las
personas no corría en el caso de los homosexuales.
Para promover la derogación del artículo, las diversas
organizaciones gays que he dirigido hicieron público este debate,
llamando a conferencias de prensa y haciendo lobby con los distintos
poderes del Estado. Así, por ejemplo, durante las campañas
parlamentarias de 1997, el Movimiento de Integración y Liberación
homosexual logró comprometer a algunos candidatos al Congreso
con los derechos homosexuales.
De esta forma, en un documento denominado "carta.compromiso",
nueve aspirantes al poder legislativo indicaron que "desde el congreso
legislaremos contra toda clase de discriminación que afecte a
los homosexuales" .
De igual forma, y de manera individual, en julio de 1998 interpuse una
demanda contra el Estado Chileno ante las Naciones Unidas por la penalización
de la sodomía. Aunque esta iniciativa no tuvo éxito, lo
cierto es que cada paso emprendido fue un aporte a la causa.
Así es como en diciembre pasado, el Congreso derogó el
365, a pesar de la oposición de algunos personajes conservadores
como Sergio Diez y René García.
La derogación del 365, se constituyó en una esperanza
para los movimientos gays, pues entendemos que al menos las futuras
generaciones, no encontrarán argumentos desde el Estado que legitimen
la discriminación contra las relaciones sexuales entre personas
del mismo sexo.
Pero la lucha legal emprendida por los homosexuales es más amplia,
pues existen otras disposiciones que también nos afectan.
Una de ellas es el artículo 373 del Código Penal que sanciona
las ofensas a la moral y a las buenas costumbres y, evidentemente, los
gays no somos vistos por la cultura predominante como seres "con
moral" o "promotores de las buenas costumbres" .
Así es como el 373, sirve de sustento para la detención
arbitraria de homosexuales en lugares de concurrencia gay como bares,
discoteques o plazas.
Tal es el caso de Carlos, un joven de 21 años, quien recordando
una detención me señaló en un entrevista que "salí
de mi casa en la tarde para ver si me encontraba con unos amigos. Subí
hasta la terraza del Cerro Santa Lucía. Ahí vi dos tipos.
Uno se me acercó y me pidió un cigarro. Cuando le pasé
el cigarro el me tomó la mano por lo que pensé que era
homosexual. Luego de haber conversado largo rato el tipo sacó
una placa y me dijo: "policía maricón""
Carlos estuvo todo un día detenido y luego el tribunal lo liberó
por falta de méritos.
Esta realidad ha sido vivida por muchos homosexuales y cuando estaba
vigente la "detención por sospecha" era aún
peor.
Es dentro de este contexto, que una de las demandas del Movimiento de
Integración y Liberación Homosexual es la modificación
del 373, de manera que lo considerado como "ofensa a la moral y
a las buenas costumbres", quede claramente estipulado y definido.
Del mismo modo, exigimos que las modificaciones al respecto se efectúen
respetando la pluralidad de valores existentes en nuestra sociedad.
Sólo de esta forma, se evitarán aplicaciones arbitrarias
de esta norma la cual, como bien es sabido, no afecta sólo a
los homosexuales.
De otro lado, y con el objetivo de brindar un piso de estabilidad básica
a las parejas homosexuales, en junio pasado lanzamos a la opinión
pública un proyecto de ley que regula las relaciones patrimoniales
entre personas del mismo sexo..
Como lo indica el proyecto, el fin primordial de esta iniciativa es
el reconocimiento legal "de la existencia de la pareja o unión
homosexual, constituida entre personas del mismo sexo y mayores de edad"
que deseen formalizar su situación y "su decisión
de vivir juntos, amarse y cuidarse mutuamente".
Debo precisar que esta normativa no persigue el matrimonio entre los
gays, sino que dar la condición de heredero al sobreviviente
de una unión homosexual en caso de que uno de los miembros de
la pareja fallezca. Lo anterior, porque actualmente no existe ninguna
normativa legal que facilite a un gay traspasar sus bienes a quien más
desee.
El vacío legal sobre este tema tiene consecuencias dramáticas
para muchos homosexuales, pues generalmente los familiares del fallecido
se apropian de gran parte de los bienes que la pareja homosexual ha
adquirido durante sus años de unión.
Destaco también el último avance de nuestra organización
en materia legal, cual fue entrar en la discusión parlamentaria
sobre la posibilidad de incorporar en la legislación chilena,
la no discriminación por orientación sexual.
Tal iniciativa es particularmente importante, pues podría convertirse
en el principal argumento para la defensa de nuestros derechos.
Sobre el tema, en septiembre pasado nos reunimos con la Comisión
de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados la cual, además
de mostrarse favorable a la iniciativa, nos informó que esta
propuesta ya se encuentra en discusión en el Congreso.
En efecto, el mencionado debate parlamentario se enmarca en un proyecto
de Ley, presentado por el diputado Gutemberg Martínez, que sanciona
la discriminación racial y étnica.
Después de un tiempo de iniciarse la discusión parlamentaria
sobre esta iniciativa, los diputados Gabriel Ascencio de la Democracia
Cristiana y Eduardo Díaz, de la Unión Demócrata
Independiente, aconsejaron incorporar al proyecto original la no discriminación
por orientación sexual. Y así se hizo. Demás está
decirles el asombro que me produjo saber que un hombre proveniente de
la UDI, hiciera tal propuesta.
Como podemos apreciar, los avances alcanzados en materia legal por el
movimiento gay son de gran trascendencia para la calidad de vida de
las minorías sexuales.
Aunque es cierto que en el futuro próximo es improbable que se
acepten todas nuestras demandas por parte de los legisladores, la verdad
es que el sólo hecho de discutir sobre estos temas, hace nueve
años silenciados, para nosotros es un éxito.
Sin embargo, los gays organizados no nos engañamos, pues sabemos
que cualquier modificación legal, promovida por personas respetuosas
de los derechos humanos, no cambiará automáticamente las
concepciones equivocadas sobre la homosexualidad. Esto, porque el daño
ocasionado por los discursos oficiales ya está mal legitimado
en las conciencias de millones de chilenos.
Así es, por ejemplo, que en 1997 un 70,6% de los chilenos declaraba,
según un estudio efectuado por la Fundación Ideas, que
los "médicos deberían investigar más las causas
de la homosexualidad para evitar que sigan naciendo" gays.
Lo más dramático es que tal realidad no es exclusiva de
los heterosexuales. En efecto, nuestra organización se enfrenta
a serios problemas a la hora de persuadir a los homosexuales no organizados
para la defensa de sus derechos.
Lo anterior tiene múltiples causas y explicaciones. Una de ellas
se relaciona con lo expuesto al comienzo de esta ponencia. Me refiero
a la naturalización, por parte de las minorías sexuales,
de los discursos oficiales y de la discriminación.
Sobre el tema, un estudio efectuado por la Escuela de Periodismo de
la Universidad de Santiago de Chile en 1998 , es bastante revelador,
pues de 120 gays encuestados, el 100% sabía que la Iglesia Católica
los discrimina, un 95% reconoció que los medios de comunicación
ridiculizan a los gays y un 75% sabía que, en ese entonces, las
relaciones sodomíticas eran penalizadas por el Código
Penal chileno.
Sin embargo, lo paradójico es que sólo un 35% señaló
sentirse discriminado por su orientación sexual.
De lo expuesto, puede inferirse que muchos gays no ven en los discursos
oficiales un mecanismo que perjudica su integridad física o sicológica.
Muy por el contrario, se asume la discriminación como algo "normal",
como algo "que debe ser así".
De esta forma, la respuesta frente a la pregunta del "por qué
es tan difícil ser lo que soy" es, evidentemente, explicada
de manera errónea.
Con el objetivo de superar estas dificultades, es que los gays organizados
no sólo limitamos nuestro trabajo a aspectos legales, sino que
también incursionamos en materias políticas y culturales
con el fin de establecer lazos entre la comunidad homosexual y entre
esta y el resto de los ciudadanos.
Es verdad que muchas personas no se interesan por comunicarse e informarse
sobre la realidad de las minorías sociales. Por ello, la labor
de quienes aspiran a generar sociedades más justas, igualitarias
y democráticas debe contribuir a eliminar esta indiferencia.
Respecto a la comunidad homosexual es indispensable que todos ayuden
con sus discurso a hacer pública las verdaderas realidades de
las minorías sexuales, pues nosotros estamos insertos en todos
los grupos y aportamos, como cualquier persona, a la construcción
de esta sociedad.
Es cierto que no hay datos respecto a la cantidad exacta de homosexuales
chilenos y, por ello, para muchos ciudadanos no existimos. Sin embargo,
una investigación efectuada en septiembre por MTV y Search Marketing,
reveló que el 93,5% de los jóvenes entre 14 y 24 años
de edad, se declaraba heterosexual.
Los encargados de este estudio no dijeron explícitamente que
el 6,5% de los jóvenes restantes era homosexual. Al respecto,
le he dado vueltas en la cabeza y aún no entiendo cual podría
ser la orientación de quienes no se declararon heterosexuales.
Quizás son asexuados, ¿qué piensan ustedes?.
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