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Conferencia dictada en el seminario "Universidad, Derecho y Diversidad" organizado por la División de Organizaciones Sociales del Ministerio Secretaría General de Gobierno y la Facultad de Derecho de la Universidad Diego Portales. (Santiago, 18 de octubre, 1999)
 

Homosexualidad y Derecho

A los homosexuales y lesbianas nos invaden miles de interrogantes cuando comenzamos a asumir y a aceptar nuestra orientación.

Una de ellas puede reflejarse en la primera página del libro "Demian", de Herman Hesse. Al respecto, el autor señala, con admirable sensibilidad, lo siguiente: "Quería tan sólo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí. ¿Por qué habría de serme tan difícil?"

La naturaleza y alcances de las respuestas que las minorías sexuales encontramos para esta pregunta, se encuentran directamente relacionada con el tipo de educación recibida, con el grupo sociocultural y económico al cual se pertenece y con las características particulares de cada individuo.

A pesar de la gran variedad y cantidad de respuestas que pueden encontrarse lo cierto es que todas ellas pueden sintetizarse en una sola idea y es la discriminación proveniente de una cultura caracterizada por la hegemonía de los pensamientos oficiales.

El tipo de conocimiento y cuestionamiento que cada uno haga a los discursos institucionalizados tiene, por consecuencia, la adopción de una actitud y una conducta específica frente a la discriminación.

De esta forma, habrá quienes perderán su independencia analítica legitimando completamente la situación de inferioridad en las cuales la macro- sociedad ubica a determinados sectores sociales.

Otros, en cambio, no compartirán los "valores" y la "moral" pública, llegando a comprender al mundo y a sus propias personalidades desde su verdadera realidad.
Así las personas, sean heterosexuales u homosexuales, pueden llegar a "saberse a sí mismas" y no a partir de lo que los otros dicen que "soy".

En este caso, pueden adoptarse, sin embargo, dos conductas: una pasiva y una activa.

La primera, para efectos de esta ponencia, estará constituida por aquellas personas que a pesar de no compartir, y al mismo tiempo criticar, la cultura predominante, no aspiran a canalizar sus inquietudes por medio de algún tipo de lucha.

La segunda, en cambio, se inquieta por hacer algo al respecto, siendo en esta categoría donde pueden ubicarse, entre otros tipos de expresiones, a los movimientos sociales.

En efecto, todos los grupos sociales, en algún momento de sus historias, han tenido que luchar por la defensa de sus intereses. Estos sectores, han sido guiados por personas que presentan las demandas ante los diversos poderes. Así ocurre con la comunidad negra, con los indígenas, con las mujeres, con los trabajadores y, por supuesto, con los homosexuales.

Quienes nos agrupamos en movimientos sociales con el paso del tiempo, y en concordancia con la experiencia adquirida, vamos elaborando diversas estrategias políticas para contribuir a la igualdad de los derechos.

Tales estrategias, están directamente relacionadas con el tipo de respuestas que encontramos frente a los problemas que nos aquejan.

Cuando una parte de los gays organizados nos preguntamos "¿por qué es tan difícil ser lo que soy?", la respuesta espontánea fue la discriminación y el rechazo social. El punto era, entonces, estudiar y conocer la naturaleza y origen de tal realidad.

La discriminación contra los homosexuales es parte del sentido común que fue generándose por pensamientos impuestos desde diversos sectores como las elites, los Estados, las religiones, los medios de comunicación y las ciencias.

El problema mayor es que tal sentido común, ya es cultura, y por tanto, pasarán muchos años para que la homosexualidad sea concebida como una orientación normal y natural.

Cuando los gays organizados irrumpimos en la escena pública en 1991, fundando el Movimiento de Liberación Homosexual, comprendimos al instante que cualquier lucha que emprendiéramos no provocaría cambios culturales mágicamente.

Por ello, nuestro trabajo se centró en colocar en el debate público la realidad de los homosexuales chilenos.

Al respecto, elaboramos una estrategia política de amplio espectro, destacando entre sus objetivos la derogación o transformación de leyes que discriminaran explícita o implícitamente a los homosexuales.

A continuación me referiré entonces a la ley 11.625 sobre Estados Antisociales, al artículo 365 y 373 del Código Penal Chileno y a dos proyectos de ley. El primero busca la legalización de las parejas gays y el segundo incorporar en la legislación chilena la no discriminación por orientación sexual.

Una de las leyes que pesó fuerte sobre la comunidad gay fue la 11.625 sobre Estados Antisociales, impuesta el año 1954 por el entonces presidente Carlos Ibáñez del Campo.

Dicha ley consideraba a los homosexuales una escoria que se asimilaba a los delincuentes habituales, pero con una diferencia: se los consideraba enfermos a los cuales se podía rehabilitar internándolos o sometiéndolos a la vigilancia del Patronato de Reos.

Según lo señala un reportaje efectuado por la revista "Los Tiempos" en 1993, "Ibáñez del Campo barría del mapa a los homosexuales utilizando un barco donde a estas personas se les colocaba una soga al cuello y una enorme piedra" , para luego lanzarlas al mar.

Aunque esta realidad parece ser lejana y propia de una intolerancia que sólo podría explicarse con la "moralidad del pasado", lo cierto es que seis años atrás un grupo denominado "Carlos Ibáñez del Campo" se adjudicó el atentado contra la discoteque "Divine" de Valparaíso, en donde murieron 25 personas homosexuales a raíz de un incendio que destruyó por completo el recinto.

Las investigaciones policiales sobre esta tragedia nunca fueron emprendidas seriamente y los organismos judiciales tampoco se esforzaron por hacer justicia. Así este caso, como muchos otros donde los afectados son homosexuales, se archivó, determinándose que la causa del incendio fue un cortocircuito.

A pesar de todo, los homosexuales organizados no perdimos fuerza.

Es así como nos centramos con mayor vehemencia en una lucha iniciada en 1991. Me refiero a los trabajos desarrollados para la derogación del artículo 365 del Código Penal.

Dicha disposición castigaba a los homosexuales desde 541 días a tres años y un día de presidio por prácticas sodomíticas en cualquiera de sus expresiones. Lo anterior implicaba que a pesar de existir mutuo consentimiento entre los involucrados, las relaciones homosexuales masculinas eran sancionadas, ya fueran efectuadas por mayores de edad y en lugares públicos o privados.

Al respecto, debo aclarar que no existen antecedentes acerca de la aplicación del artículo 365. Sin embargo, no está demás decir que tal disposición legitimaba desde el Estado la discriminación cultural y legal contra los homosexuales.

Cultural, porque, como bien es sabido, en este país la educación estatal es transmitida con reglas y valores que son presentados a los ciudadanos como absolutos e incuestionables y, legal, porque el 365 dejaba evidente que el respeto por la vida privada e intimidad de las personas no corría en el caso de los homosexuales.

Para promover la derogación del artículo, las diversas organizaciones gays que he dirigido hicieron público este debate, llamando a conferencias de prensa y haciendo lobby con los distintos poderes del Estado. Así, por ejemplo, durante las campañas parlamentarias de 1997, el Movimiento de Integración y Liberación homosexual logró comprometer a algunos candidatos al Congreso con los derechos homosexuales.

De esta forma, en un documento denominado "carta.compromiso", nueve aspirantes al poder legislativo indicaron que "desde el congreso legislaremos contra toda clase de discriminación que afecte a los homosexuales" .

De igual forma, y de manera individual, en julio de 1998 interpuse una demanda contra el Estado Chileno ante las Naciones Unidas por la penalización de la sodomía. Aunque esta iniciativa no tuvo éxito, lo cierto es que cada paso emprendido fue un aporte a la causa.

Así es como en diciembre pasado, el Congreso derogó el 365, a pesar de la oposición de algunos personajes conservadores como Sergio Diez y René García.

La derogación del 365, se constituyó en una esperanza para los movimientos gays, pues entendemos que al menos las futuras generaciones, no encontrarán argumentos desde el Estado que legitimen la discriminación contra las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo.

Pero la lucha legal emprendida por los homosexuales es más amplia, pues existen otras disposiciones que también nos afectan.

Una de ellas es el artículo 373 del Código Penal que sanciona las ofensas a la moral y a las buenas costumbres y, evidentemente, los gays no somos vistos por la cultura predominante como seres "con moral" o "promotores de las buenas costumbres" .

Así es como el 373, sirve de sustento para la detención arbitraria de homosexuales en lugares de concurrencia gay como bares, discoteques o plazas.

Tal es el caso de Carlos, un joven de 21 años, quien recordando una detención me señaló en un entrevista que "salí de mi casa en la tarde para ver si me encontraba con unos amigos. Subí hasta la terraza del Cerro Santa Lucía. Ahí vi dos tipos.

Uno se me acercó y me pidió un cigarro. Cuando le pasé el cigarro el me tomó la mano por lo que pensé que era homosexual. Luego de haber conversado largo rato el tipo sacó una placa y me dijo: "policía maricón""

Carlos estuvo todo un día detenido y luego el tribunal lo liberó por falta de méritos.
Esta realidad ha sido vivida por muchos homosexuales y cuando estaba vigente la "detención por sospecha" era aún peor.

Es dentro de este contexto, que una de las demandas del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual es la modificación del 373, de manera que lo considerado como "ofensa a la moral y a las buenas costumbres", quede claramente estipulado y definido. Del mismo modo, exigimos que las modificaciones al respecto se efectúen respetando la pluralidad de valores existentes en nuestra sociedad. Sólo de esta forma, se evitarán aplicaciones arbitrarias de esta norma la cual, como bien es sabido, no afecta sólo a los homosexuales.

De otro lado, y con el objetivo de brindar un piso de estabilidad básica a las parejas homosexuales, en junio pasado lanzamos a la opinión pública un proyecto de ley que regula las relaciones patrimoniales entre personas del mismo sexo..

Como lo indica el proyecto, el fin primordial de esta iniciativa es el reconocimiento legal "de la existencia de la pareja o unión homosexual, constituida entre personas del mismo sexo y mayores de edad" que deseen formalizar su situación y "su decisión de vivir juntos, amarse y cuidarse mutuamente".

Debo precisar que esta normativa no persigue el matrimonio entre los gays, sino que dar la condición de heredero al sobreviviente de una unión homosexual en caso de que uno de los miembros de la pareja fallezca. Lo anterior, porque actualmente no existe ninguna normativa legal que facilite a un gay traspasar sus bienes a quien más desee.

El vacío legal sobre este tema tiene consecuencias dramáticas para muchos homosexuales, pues generalmente los familiares del fallecido se apropian de gran parte de los bienes que la pareja homosexual ha adquirido durante sus años de unión.

Destaco también el último avance de nuestra organización en materia legal, cual fue entrar en la discusión parlamentaria sobre la posibilidad de incorporar en la legislación chilena, la no discriminación por orientación sexual.

Tal iniciativa es particularmente importante, pues podría convertirse en el principal argumento para la defensa de nuestros derechos.

Sobre el tema, en septiembre pasado nos reunimos con la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados la cual, además de mostrarse favorable a la iniciativa, nos informó que esta propuesta ya se encuentra en discusión en el Congreso.

En efecto, el mencionado debate parlamentario se enmarca en un proyecto de Ley, presentado por el diputado Gutemberg Martínez, que sanciona la discriminación racial y étnica.

Después de un tiempo de iniciarse la discusión parlamentaria sobre esta iniciativa, los diputados Gabriel Ascencio de la Democracia Cristiana y Eduardo Díaz, de la Unión Demócrata Independiente, aconsejaron incorporar al proyecto original la no discriminación por orientación sexual. Y así se hizo. Demás está decirles el asombro que me produjo saber que un hombre proveniente de la UDI, hiciera tal propuesta.
Como podemos apreciar, los avances alcanzados en materia legal por el movimiento gay son de gran trascendencia para la calidad de vida de las minorías sexuales.

Aunque es cierto que en el futuro próximo es improbable que se acepten todas nuestras demandas por parte de los legisladores, la verdad es que el sólo hecho de discutir sobre estos temas, hace nueve años silenciados, para nosotros es un éxito.

Sin embargo, los gays organizados no nos engañamos, pues sabemos que cualquier modificación legal, promovida por personas respetuosas de los derechos humanos, no cambiará automáticamente las concepciones equivocadas sobre la homosexualidad. Esto, porque el daño ocasionado por los discursos oficiales ya está mal legitimado en las conciencias de millones de chilenos.

Así es, por ejemplo, que en 1997 un 70,6% de los chilenos declaraba, según un estudio efectuado por la Fundación Ideas, que los "médicos deberían investigar más las causas de la homosexualidad para evitar que sigan naciendo" gays.

Lo más dramático es que tal realidad no es exclusiva de los heterosexuales. En efecto, nuestra organización se enfrenta a serios problemas a la hora de persuadir a los homosexuales no organizados para la defensa de sus derechos.

Lo anterior tiene múltiples causas y explicaciones. Una de ellas se relaciona con lo expuesto al comienzo de esta ponencia. Me refiero a la naturalización, por parte de las minorías sexuales, de los discursos oficiales y de la discriminación.

Sobre el tema, un estudio efectuado por la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile en 1998 , es bastante revelador, pues de 120 gays encuestados, el 100% sabía que la Iglesia Católica los discrimina, un 95% reconoció que los medios de comunicación ridiculizan a los gays y un 75% sabía que, en ese entonces, las relaciones sodomíticas eran penalizadas por el Código Penal chileno.

Sin embargo, lo paradójico es que sólo un 35% señaló sentirse discriminado por su orientación sexual.

De lo expuesto, puede inferirse que muchos gays no ven en los discursos oficiales un mecanismo que perjudica su integridad física o sicológica. Muy por el contrario, se asume la discriminación como algo "normal", como algo "que debe ser así".

De esta forma, la respuesta frente a la pregunta del "por qué es tan difícil ser lo que soy" es, evidentemente, explicada de manera errónea.

Con el objetivo de superar estas dificultades, es que los gays organizados no sólo limitamos nuestro trabajo a aspectos legales, sino que también incursionamos en materias políticas y culturales con el fin de establecer lazos entre la comunidad homosexual y entre esta y el resto de los ciudadanos.

Es verdad que muchas personas no se interesan por comunicarse e informarse sobre la realidad de las minorías sociales. Por ello, la labor de quienes aspiran a generar sociedades más justas, igualitarias y democráticas debe contribuir a eliminar esta indiferencia.

Respecto a la comunidad homosexual es indispensable que todos ayuden con sus discurso a hacer pública las verdaderas realidades de las minorías sexuales, pues nosotros estamos insertos en todos los grupos y aportamos, como cualquier persona, a la construcción de esta sociedad.

Es cierto que no hay datos respecto a la cantidad exacta de homosexuales chilenos y, por ello, para muchos ciudadanos no existimos. Sin embargo, una investigación efectuada en septiembre por MTV y Search Marketing, reveló que el 93,5% de los jóvenes entre 14 y 24 años de edad, se declaraba heterosexual.

Los encargados de este estudio no dijeron explícitamente que el 6,5% de los jóvenes restantes era homosexual. Al respecto, le he dado vueltas en la cabeza y aún no entiendo cual podría ser la orientación de quienes no se declararon heterosexuales. Quizás son asexuados, ¿qué piensan ustedes?.