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HOMOFOBIA Y ADMINISTRACION DE JUSTICIA
Mirada del Movimiento Homosexual Chileno
4 de septiembre de 1993. En la discoteque Divine de Valparaíso
murieron 16 homosexuales en un supuesto atentado que se adjudicó
un grupo denominado "Carlos Ibáñez del Campo. Las
investigaciones policiales y judiciales sobre la tragedia nunca fueron
emprendidas seriamente, al punto que aún no se conocen las causas
exactas del delito y nadie ha sido sentenciado al respecto.
16 de enero del 2000. Ocho homosexuales fueron detenidos arbitrariamente
en Santiago por hombres de civil, que luego resultaron ser policías.
Las personas fueron brutalmente golpeadas porque, según sus "carceleros",
habían ofendido "la moral y las buenas costumbres"
por el sólo hecho de visitar un espacio de concurrencia gay.
Cinco días después los detenidos fueron liberados por
falta de méritos.
2 de marzo del año en curso. 3:30 de la madrugada. En la comuna
de Providencia cuatro travestis fueron golpeados con lumas y arrastrados
casi media cuadra por carabineros de la 19 Comisaría. En la posta
del hospital Salvador, a pesar de que a los afectados se les evidenciaron
múltiples lesiones y se debió a uno de ellos realizarle
una sutura de diez puntos en su frente, el carabinero de guardia se
negó a consignar que las víctimas habían sido dañadas
por miembros de la policía.
Los hechos descritos evidencian por si sólo que la administración
de la justicia en Chile y la homofobia van indiscutible y lamentablemente
entrelazados.
La homofobia, entendida como "formas de relaciones desiguales de
poder entre grupos o colectivos cuyas expresiones pueden adquirir las
características de opresión, explotación e injusticia
hacia aquellas personas que son definidas como homosexuales" ,
se encuentra presente en diversas legislaciones que de manera implícita
o explícita facilitan interpretaciones arbitrarias que violentan
los derechos humanos de las minorías sexuales.
La discriminación contra gays y lesbianas presente en nuestra
Constitución, el Código Penal, Código Laboral y/u
otras normativas, son producto de una cultura altamente intolerante
que se retroalimenta con la intolerancia e ignorancia propiciada día
a día por la Iglesia Católica, algunos líderes
de opinión, los medios de comunicación y también
por parte de algunos profesionales de la sicología y la siquiatría
chilena que siguen sosteniendo que la homosexualidad es una enfermedad.
Al respecto algunas palabras del senador de derecha Sergio Diez sobre
la legislación chilena son clarificadoras. "Nuestro sistema
jurídico es humanista, y más bien de un humanismo cristiano
porque Chile ha sido siempre un país católico y porque
nuestro derecho viene del Derecho Romano y del Derecho Español,
y porque los hábitos de nuestra sociedad y su modo de pensar
es cristiano".
El parlamentario agrega que, en consecuencia, existen valores y verdades
absolutas donde, por ejemplo, no penalizar las relaciones sexuales entre
gays y lesbianas, es "un absurdo", pues "el bien común
de la sociedad demanda la vida sexual normal (y) la sociedad debe defenderse
de la vida sexual anormal".
Esta unilateral y errada visión sobre la homosexualidad tiene
su mayor grado de virulencia en el sentido común imperante en
la mentalidad de la mayoría de los chilenos y chilenas.
Sólo como ejemplo, basta citar un estudio de la fundación
Ideas efectuado en 1997 donde se reveló que el 42,5% de la población
piensa que la homosexualidad debiera ser prohibida, pues va contra la
naturaleza humana y un 72% sostiene que los médicos deberían
investigar más las causas de la homosexualidad para evitar que
sigan naciendo más gays y lesbianas.
Dentro de este contexto, cualquier trabajo realizado para enmendar
y/o eliminar aquellas normas que atentan contra los derechos humanos
de las minorías, debe partir de la premisa que ningún
cambio legal genera transformaciones culturales de manera automática.
Sin embargo, lo anterior no implica, bajo ningún punto de vista,
que los movimientos gays deban marginarse del ámbito jurídico-legislativo.
Ello, por tres motivos esenciales: 1) Las modificaciones legales impiden
por ejemplo, que las policías tengan un sustento legal sólido
para vulnerar los derechos de las minorías y, por tanto las violaciones
contra los derechos humanos, independiente de las concepciones culturales
de los uniformados, tienen menores o nulas posibilidades de concretarse.
2) Cualquier cambio legal, por las noticias que genera, visibiliza las
demandas de las minorías sexuales, lo cual obviamente es una
contribución cultural importante. 3) El sólo hecho de
modificar algún tipo de legislación demuestra incuestionablemente
un cambio cultural en quienes facilitaron la concreción de alguna
enmienda. Más importante aún es el hecho que quienes deciden
sobre las leyes son generalmente líderes de opinión con
gran presencia en los medios masivos de comunicación, lo cual
contribuye a masificar con mayor efectividad parte de la verdadera realidad
de las minorías sexuales.
Sobre la base estos conocimientos el Movimiento de Integración
y Liberación Homosexual, MOVILH, ha desarrollado, entre otras
importantes tareas, una estrategia política de carácter
interdisciplinario destinada a aminorar o eliminar de nuestras leyes
todo aquello que pueda afectar la calidad de vida de las minorías
sexuales.
Dicha estrategia se basa o contiene diversas premisas y/o acciones a
saber:
1.- Denuncia ante los tribunales de justicia sobre violaciones contra
los derechos de gays y lesbianas.
A nuestra organización llegan permanentemente denuncias por parte
de homosexuales que han visto vulnerados sus derechos ya sea por accionar
de las policías, las municipalidades, los establecimientos educacionales
y las empresas privadas entre otros.
Al respecto se ha brindado asesoría legal a quienes han pretendido
entablar acciones judiciales y hemos acompañado a los afectados
hasta donde éstos lo han deseado.
Sobre el tema se han enfrentado dos principales problemas. Uno es que
la mayoría de los homosexuales que llegan a nuestra organización
no están dispuestos a llevar hasta los tribunales sus denuncias
porque temen que el proceso pueda implicar visibilidad.
De otro lado, varios casos donde las acciones legales han derivado a
tribunales, estas no han sido resueltas por los jueces respectivos y
son tramitadas eternamente. El atentado contra la discoteque Divine
es sólo una muestra de tal realidad.
El último punto descrito se relaciona con la actual composición
y estructura del poder legislativo donde la avanzada edad y la mentalidad
predominantemente conservadora de los jueces se transforman en un obstáculo
para la defensa de los derechos de las minorías sexuales.
Lo anterior se agrava aún más si consideramos que muchas
de nuestras leyes son imprecisas, poco específicas y fáciles
de interpretar arbitrariamente.
En esta línea, el trabajo que más beneficios ha dado a
la comunidad gay, ha sido el desarrollado con el poder legislativo,
cual es nuestra segunda estrategia.
2.- A diferencia del poder judicial, el legislativo es más
heterógeneo. En el existe un mayor equilibrio entre fuerzas "progresistas"
y "conservadoras".
Desde sus inicios el Movilh ha trabajado con parlamentarios de diversas
bancadas para modificar o derogar las legislaciones que violentan los
derechos de la comunidad lésbica-gay.
Al respecto, el logro más importante obtenido por las minorías
sexuales fue la despenalización de la sodomía en 1998.
Desde 1991 el organismo que dirijo asistió a diversos debates
al Senado y a la Cámara de Diputados para derogar el artículo
365 del Código Penal que sancionaba con presidio las prácticas
sodomíticas entre adultos, aunque fueran éstas de mutuo
consentimiento y en espacios privados.
Aunque no se tienen antecedentes de que alguna vez dicha normativa hubiera
sido aplicada, lo cierto es que, como bien lo indica el abogado Nicolás
Espejo, la sola existencia del 365, convertía a los homosexuales
"en sujetos susceptibles de ser perseguidos penalmente, sin perjuicio
de la estigmatización y rechazo social que tal penalización
agudizaba y tendía a justificar" .
Otras de las disposiciones que más ha afectado a las minorías
sexuales es el artículo 373 del Código Penal que sanciona
las ofensas a la moral y a las buenas costumbres.
En la actualidad, las policías se valen de este artículo
para detener a los homosexuales, a veces por el sólo hecho de
estar un grupo de ellos reunidos en un determinado lugar.
Por lo expuesto, el Movilh discute en estos momentos con algunos parlamentarios
la posibilidad de derogar la mencionada disposición o de al menos
especificar bajo que situaciones concretas es posible hablar de ofensas
a la moral.
Además del artículo 373, la organización que dirijo
está haciendo lobby con el Poder Legislativo para que este ingresé
a su agenda de discusión un proyecto de ley que regula las relaciones
patrimoniales entre las minorías sexuales.
Con todo, la demanda más ambiciosa que el Movilh trabaja en estos
momentos es la modificación al artículo 19 de nuestra
Carta Magna, donde exigimos se incorpore con rango constitucional la
no discriminación a los gays y lesbianas.
Esta iniciativa tiene altas probabilidades de ser aprobada, pues nació
precisamente de una idea formulada por el presidente de la Cámara
de Diputados.
Aunque el trabajo con el poder legislativo ha sido el que más
beneficios ha brindado a las minorías sexuales en el ámbito
legal, lo cierto es que el Parlamento muchas veces ha desplazado el
tema de los gays y lesbianas a un segundo plano.
Por ello, es que una tercera estrategia se relaciona con acercamientos
al sistema internacional de Justicia.
3.- La "utilización" de los organismos internacionales
para la defensa de nuestros derechos ha sido solicitada cuando al interior
del país no encontramos respuestas satisfactorias a nuestras
demandas.
Así, y antes de que se despenalizara la sodomía, el Movilh
presentó una denuncia contra el Estado Chileno ante el Comité
de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La sola difusión
a través de los medios masivos de esta medida contribuyó
a la despenalización de la sodomía.
Y con lo expuesto ahora, entramos precisamente a la cuarta y quizás
más importante estrategia cual es sacar de los debates institucionales
(al interior de los tribunales, del Congreso o de organismos internacionales)
nuestras demandas para transformarla en informaciones de conocimiento
público que "obliguen" a la ciudadanía al menos
referirse al tema.
4.- Una de las políticas en las cuales el Movilh ha desarrollado
más experiencias ha sido la comunicacional.
Para nosotros es extremadamente relevante generar mensajes sólidos
y serios, con el fin de obtener aliados y/o de contribuir a que la ciudadanía
hable sobre gays y lesbianas.
Al respecto, han sido los medios de comunicación masiva nuestra
principal herramienta para la difusión de los discursos. Sin
embargo, los medios son un arma de doble filo, pues tienden a buscar
en las minorías noticias sensacionalistas o caricaturescas.
En este contexto, en cada una de las informaciones difundidas por nuestra
organización se ha manejado un discurso coherente y alejado de
todas aquellas pautas o señales que podrían desviar la
atención de lo que deseamos decir.
Gracias a esta política en los últimos años son
cada vez menos los medios que traspasan sus cargas valóricas
negativas a las informaciones relativas a los gays y lesbianas, presentando
en muchos casos a nuestras demandas como lo harían con cualquier
otro sector que padece algún tipo de discriminación.
En otras palabras, a diferencia de unos años atrás, en
la actualidad es difícil apreciar calificativos en los medios
sobre las minorías sexuales aunque, claro está, los formatos
o redacciones de la prensa distan mucho del pluralismo y la tolerancia
que anhelamos.
Como consecuencia del cambio descrito, y siguiendo la línea de
esta ponencia, la presión de los medios de comunicación
ha sido esencial, entre otras cosas, para la apertura de discoteques
homosexuales que han sido clausuradas por interpretaciones antojadizas
de las ordenanzas municipales. Sólo en este año, por ejemplo,
y gracias a nuestra buena relación con los medios masivos, se
reabrieron dos espacios de diversión nocturna homosexual.
Pero los medios no lo son todo, por ello hemos expuesto nuestras demandas
legales, y nuestra realidad en general, en universidades, organismos
no gubernamentales y otros espacios como al cual hoy asistimos.
Quisiera destacar, por último, un nuevo tipo de relación
que los movimientos homosexuales están desarrollando. Me refiero
a los contactos directos con el Poder Ejecutivo. En efecto, desde este
año formamos parte de una comisión que trabaja un programa
contra la no discriminación en el seno mismo del gobierno.
Dicho programa describe y analiza diversas formas de discriminación
que afectan a los homosexuales y, entre ellas, tiene especial atención
la generación de herramientas tendientes a modificar la administración
de la justicia chilena.
Hace 10 años los homosexuales tenían escasa relación
con los poderes del Estado, hoy como vemos dicha situación es
completamente distinta.
En tal transformación ha incidido sin duda la politización
de los discursos del movimiento homosexual, lo cual tiene una expresión
evidente en los trabajos realizados en materia legal, pues estos han
atravesado el ámbito estrictamente jurídico-legislativo
y han llevado a una parte de la ciudadanía y a los líderes
que definen y/o dirigen la estructura de nuestro Estado a considerar
a las minorías en sus discursos y políticas.
Con todo, el peor error que podríamos cometer sería aspirar
a la igualdad de derechos de las minorías sexuales sólo
desde el ámbito legislativo, pues la discriminación es
una realidad cultural que debe ser enfrentada desde diversas áreas
y de manera integral.
Lo anterior pasa necesariamente por la articulación de distintas
voces desde la comunidad homosexual que se enriquezcan mutuamente y
por establecer alianzas con otros grupos discriminados. Sólo
así, un día no habrá homosexuales maltratados,
segregados y marginados a un guetto.
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