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¿UNA MASCULINIDAD HOMOSEXUAL?
¿Qué es la masculinidad homosexual ? , ¿Cómo
se manifiesta?, ¿Ha sido fácil para los homosexuales generar
estructuras y relaciones sociales propias que nos permitan el armonioso
desarrollo de nuestra masculinidad ?, ¿La masculinidad homosexual
es diferente a la heterosexual ?
Estas son algunas de las preguntas que me formulé cuando FLACSO
me invitó a exponer ante ustedes.
Dar respuestas a estas interrogantes no es fácil, pues cualquier
análisis tiende a la generalización y, por tanto, los
discursos lejos de dar cuenta de la realidad, la sesgan.
Sin embargo, en mi calidad de hombre homosexual me atrevo a dar algunas
aproximaciones de lo que significa para los gays nuestra masculinidad.
De las siguientes palabras marginé todas aquellas apreciaciones
originadas sólo de mi experiencia e incluí lo que es común
a muchos, por no decir a todos, los homosexuales. Espero con ello, dar
una interpretación más acertada, aunque no debemos olvidar
que ningún análisis, por más que se pretenda, es
neutro.
Los gays hemos sido discriminados desde antes que el vocablo homosexual
irrumpiera en las ciencias y en la literatura.
Con el desarrollo y expansión del catolicismo, los hombres homosexuales
dejamos de ser respetados como lo fuimos en la Antigüedad.
El Catolicismo a partir del año 342 condenaba con la pena de
muerte a aquellas personas que mantenían relaciones homosexuales.
Esta afirmación se demuestra fácilmente con las persecuciones
inquisitoriales que castigaron a la humanidad desde 1448 a 1778 aproximadamente.
Los reyes católicos nos sancionaron con la hoguera y la confiscación
de bienes.
Esta actitud condenatoria contra actos concebidos como antinaturales
es transmitida por las expediciones misioneras que llegan al nuevo mundo
durante la Conquista.
Se instaura así la lógica de una religión dualista
que concibe al bien y al mal en constante pugna. La idea es acabar con
todo aquello que perturbe los postulados del cristianismo, cristalizándose
la visión del sacrificio y la conversión por el bien de
la sociedad.
En los últimos tiempos la jerarquía católica ha
reconocido muchos de sus errores, pero respecto a la homosexualidad
los avances sobre los derechos de las personas gays son paradójicos.
Lo que resalta es un afán por comprender y discriminar al mismo
tiempo.
Hoy la Iglesia Católica asevera que no castiga a los gays, siempre
y cuando no tengan relaciones sexuales con personas de su mismo sexo.
En otras palabras, se indica que la naturalidad de un hombre homosexual
es anti-natura, contraria a la moral y lo normal por lo cual los mitos
respecto a los gays tienen una explicación religiosa que es asumida
sin grandes cuestionamientos por las sociedades.
Las ideas católicas, como todas las dominantes, poseen una auto-imagen
de superioridad que es asumida por las élites y los Estados criollos.
Dicha superioridad, históricamente se ha definido por la negación
del otro.
Negar, para efectos de este análisis, implica concebirse diferente
al resto de las personas que son desvalorizadas y situadas del lado
del pecado, del error, de la ignorancia y de la degeneración
del orden establecido.
Las diversas ciencias, por su parte, que se suponen venían a
poner fin a los mitos sobre la realidad, en el caso de los homosexuales
los han acentuado.
El conocimiento científico ha centrado su interés en los
orígenes y causas de la homosexualidad, dando paso al clásico
dilema que cuestiona si los gays nacen o se hacen.
En el ámbito de la sicología latinoamericana impera aún
la visión de Freud.
La hipótesis de la madre dominante y el padre ausente como causas
de la homosexualidad llevan a concebir por los estudiosos a los gays
como enfermos, pues se cree que el proceso de maduración sexual
del individuo fue castrado.
De igual forma, la biología no lo ha hecho mejor. Buscando las
causas de la homosexualidad en las hormonas, los genes y el cerebro
no sólo ha sometido a los gays a criminales experimentos, sino
que también ha desviado el tema de sus aspectos sociales y culturales.
En otras palabras, se da por sentado que los problemas que sufrimos
los homosexuales producto de la discriminación y la intolerancia
son intrascendentes si los comparamos con la hiperrelevancia que se
da a lo biológico.
Los Estados, por su lado, no han hecho menos. Ahí tenemos al
Chileno que a través del artículo 365 del Código
Penal sanciona la sodomía entre adultos aunque sea de mutuo consentimiento.
Es así como nuestra forma de vida se encuentra deslegitimada
a priori.
En el ámbito político muchas personas combaten que el
concepto de ciudadanía se restrinja a los procesos electorales
e inhiba que las personas se expresen y participen en las tomas de decisiones
que afectan su vida cotidiana. Sin embargo, en el caso de los derechos
de los homosexuales estas mismas personas aprueban que el Estado mantenga
la penalización de la sodomía. Ello hace particularmente
más difícil la lucha contra el discurso oficial pues lo
dominante se encuentra luchando activamente contra lo que considera
un peligro.
Vemos, entonces, que el pensamiento institucionalizado se vale de dos
procesos para la deslegitimación, negación y consecuente
exclusión de las minorías.
El primero es una explicación irracional y emotiva del discurso
del otro que persigue la descalificación. Así se dirá
que los homosexuales organizados hablamos porque estamos frustrados,
amargados o envidiosos por no ser heterosexuales.
Paralelo a esta explicación irracional, se desarrolla la denegación
que se define como la oposición a conceder la más mínima
veracidad a un hecho o a una aserción expresada por la minoría.
Así se des-valoriza y bloquea nuestra posible influencia social
y política.
Apreciamos, entonces, que los homosexuales somos conceptualizados míticamente
desde los más diversos ámbitos: Religión, Ciencias,
Estado y Política.
Todo esto lleva a la conformación de una cultura homofóbica
que ejerce una influencia negativa en las diversas relaciones homosexuales.
Si somos vistos como pecadores por la Iglesia Católica, como
enfermos por las ciencias, como delincuentes por el Estado y como ciudadanos
de segunda categoría por la política, resulta evidente
que las ideas sobre la homosexualidad se estructuran sobre la base de
diversos mitos.
Uno de ellos es la supuesta anti-naturalidad de la orientación
gay.
Al ser concebidos como contrarios a la naturaleza, los discursos intentan
dar sus explicaciones respecto de las relaciones sexuales entre dos
hombres.
Como lo aceptado es que sólo se relacionen eróticamente
un hombre con una mujer, se traslada esta concepción para explicar
cualquier contacto sexual. De ahí que se perciba que los homosexuales
debemos ser afeminados o pretender ser mujeres, pues se sostiene que
el único sexo facultado naturalmente para relacionarse con un
hombre es el femenino.
Al hablar de relaciones homosexuales, no me refiero sólo a las
contactos amoroso-eróticos.
Lo que quiero destacar es que los homosexuales generamos diversas estructuras
sociales que dependen del lugar de donde nacimos, de nuestros intereses,
de nuestra educación , clase social y niveles de conciencia política
Así podemos ver, por ejemplo en Estados Unidos, barrios homosexuales
que poseen una economía y una forma propia y particular de relacionarse.
Sin embargo, generalmente estas "formas propias de relacionarse"
no han sido originadas por si solas, sino que han trasladado a su seno
lo que el pensamiento institucionalizado cree que significa ser homosexual.
Las excepciones a esta regla, desde mi punto de vista, generarían
una propuesta distinta de sociedad que se estructura sobre conceptos
nuevos de política, familia, relación de pareja y, por
supuesto, de masculinidad.
El análisis sobre las estructuras sociales gays involucra muchos
factores que generan, finalmente, diversas culturas homosexuales.
Cultura es todo lo creado por hombres y mujeres, sin embargo, para efectos
de esta exposición me limitaré a la masculinidad homosexual
imperante y a la nueva masculinidad que algunos homosexuales hemos asumido
gracias, entre otras cosas, a un mayor nivel de educación y conocimiento
de nuestra orientación sexual.
Al respecto debo aclarar que no me referiré al travestismo,
pues esta forma de homosexualidad tiene diversas explicaciones y significaciones.
En otras palabras, la influencia de la cultura dominante hacia el travestismo
tiene consecuencias diferentes a las que origina en los homosexuales
no travestis y, por tanto, el tipo de relaciones estructurales que generan
los travestis es distinta a la creada por el resto de los homosexuales.
Por lo demás no me siento capacitado para explicar un tipo de
realidad tan poco investigada tanto a nivel nacional como internacional.
Uno de los mitos que es asumido con fuerza es que los homosexuales
debiéramos ser afeminados y que debemos copiar los roles que
el patriarcado ha asignado a las mujeres.
Las consecuencias de asumir estos pensamientos, dañan profundamente
las relaciones entre los homosexuales porque se traslada mecánicamente
la desigualdad de la relación de pareja heterosexual.
De ahí, que todos los gays en los inicios de nuestra identidad
sexual asumamos las concepciones dominantes de la Iglesia, el Estado,
las ciencias, y la política.
En este contexto se produce un proceso de naturalización y de
familiarización con el pensamiento institucional que "obliga"
a los homosexuales a auto-concebirse como seres humanos inferiores o
enfermos. Es decir, lo que es normal para lo hegemónico, pasa
a ser lo natural para esta minoría.
Se produce, entonces, una auto-negación que muchas veces genera
un quiebre entre nuestras emociones y conocimientos.
Así, es como vemos que muchos gays saben que la penalización
de la sodomía sanciona su orientación sexual, pero esto
no es asumido como una transgresión de su integridad y sus derechos
humanos sociales y políticos
Lo mismo ocurre con la idea que supone que un homosexual se identifica
y se relaciona a partir de los mismos códigos y formas que lo
hacen las mujeres. De esto se desprende que muchos homosexuales no generan
una nueva masculinidad sino que una "nueva femeneidad".
Sin embargo, esta "femeneidad" es impuesta por la cultura
dominante, pues los homosexuales son hombres y al asumir los roles de
las mujeres están desvirtuando su naturaleza biológica
y sicológica.
Los efectos de esto se aprecian en las diversas relaciones entre los
gays.
En el ámbito afectivo-sexual, predomina la idea de que existe
un sólo tipo de relación amoroso erótica. Es decir,
la que ocurre entre un hombre y una mujer. Así, uno de los homosexuales
de una determinada pareja, se ve impulsado a actuar como se supone que
debe hacerlo una mujer. Uno será pasivo y el otro activo en la
relación sexual y estos roles no pueden intercambiarse, pues
se produciría un desorden estructural en la relación.
Esta realidad copia a tal extremo la cultura dominante que el pasivo,
al igual que la mujer en la sociedad, pasa a tener un menor rango cultural
y social que el activo.
Frases como "ese es pasivo" son repetidas con menosprecio
constantemente al interior de la comunidad gay. Y es que el pasivo,
que pasa a denominarse "la pasiva", es visto como menos hombre,
como más maricón.
El activo, en cambio, es deseado y valorado pues este es visto como
el que más se acerca al rol de un "verdadero hombre".
Él no es afeminado, es más, habla fuerte, y asume que
el pasivo es de su propiedad.
Vemos, por tanto, que toda la discriminación que padecen las
mujeres, es sufrida por quien es pasivo y todos los beneficios de los
hombres heterosexuales son propias del activo que, en el caso de parejas
que viven juntas, será el macho proveedor.
Lo mismo ocurre con la idea del matrimonio. En diversos países
los homosexuales consideran que deben luchar por el derecho a casarse.
El problema es que el matrimonio es un tipo de institución hecha
para los heterosexuales. Aunque hoy parece que ni ellos quieren seguir
defendiéndola.
Hombres y mujeres se casan por la Iglesia y por el Civil. Como algunos
homosexuales quieren reproducir la relación de pareja heterosexual
y les falta la mujer, la inventan y uno de los hombres de la pareja
asume su rol femenino en medio de casamientos simbólicos que
para muchas persona son contraproducentes y patéticos.
Nace entonces el calificativo de "Loca". Éste es un
homosexual que es femenino a propósito. Al respecto debo señalar
que algunas veces se asume esta postura porque se cree que es más
contestaria y alternativa.
Sin embargo, "La Loca" no es ni revolucionaria ni original
porque reproduce lo que la cultura dominante cree que es un homosexual
y porque copia los roles que la sociedad ha constatado como propio de
las mujeres.
Lo paradójico es que al mismo tiempo que los homosexuales naturalizamos
el discurso oficial, permitimos que la discriminación, deje de
basarse en mitos y se apoye en la realidad, pues "la loca",
y el homosexual afeminado existen y son presa fácil de la burla
y de la ridiculización.
Sin embargo no debemos olvidar que la supuesta femeneidad homosexual
(en hombres no travestis), a pesar de ser real, en la mayoría
de los casos es una consecuencia del peso cultural que ha determinado
una sola forma de vivir la homosexualidad.
Lo mismo ocurre con los derechos del sexo femenino. Vemos que existen
mujeres machistas que asumen lo dominante y no sienten la discriminación,
pero ser objeto de la apetencias masculinas no es en ningún caso
algo intrínseco al ser mujer sino que ha sido impuesto y, consecuentemente,
naturalizado por muchas integrantes del sexo femenino.
En suma, la masculinidad imperante en el mundo homosexual, ya sea en
el nivel de la burla o la seriedad, no tiene nada de nuevo. El activo
copia al hombre machista y el pasivo a la mujer sometida.
Con todo en los últimos años los homosexuales han ido
entendiendo y sintiendo que amar a una persona del mismo sexo no significa
que uno de los integrantes de la pareja deba transformarse en una mala
copia de mujer.
De todas formas debo destacar que hasta en los homosexuales más
conscientes respecto de su orientación aún persiste la
idea de "la loca", pero en un nivel intrascendente. Me refiero
al nivel del chiste, de la burla y de la auto-ridiculización,
pero con el objetivo de reír y no para vivir la homosexualidad
a partir de lo femenino.
La nueva masculinidad que ha ido gestándose es ampliamente alternativa,
pues no ha sido una consecuencia del pensamiento institucional sino
que ha nacido de las relaciones entre los homosexuales.
Tal asunción de una masculinidad innovadora implica un arduo
proceso interno de re-autoconcebirse.
A través de una educación, basada en discursos que explican
mejor las realidades y que aislan los mitos y prejuicios, cada vez más
homosexuales hemos ido abandonado las ideas del pecado, la culpa y la
enfermedad.
Independizarse del pensamiento institucionalizado implica necesariamente
asumirnos como personas normales y, por tanto, acordes con la naturaleza
humana. Al ocurrir este proceso, que pasa por sentir, conocer y problematizar
necesidades que antes estaban ocultas y sesgadas por lo oficial, hoy
reconocemos que para que exista amor entre los seres humanos no es necesario
que deban ser de sexos opuestos.
Así, nuestra característica de una masculinidad homosexual
independiente, es concebir que el amor y la afectividad entre dos hombres
es posible. Una caricia, un beso es muestra de que lo masculino no tiene
porque negar la expresión de su afecto a alguien del mismo sexo.
Esta nueva realidad es altamente revolucionaria, pues no posee puntos
de referencias preexistentes ya que la afectividad entre dos hombres
no es precisamente una característica de la cultura imperante.
Las nuevas relaciones sexuales-eróticas entre las parejas gays
asumen que quienes interactuán son dos hombres y no uno solo.
En este contexto, los calificativos de pasivos y activos, tal y cual
están concebidos, no son más que conceptos absurdos e
irreales.
En todo caso, nuestra masculinidad no implica que la afectividad entre
personas del mismo sexo se limite a lo sexual. De ahí la importancia
de "nuestra masculinidad", pues demuestra que las relaciones
igualitarias entre los seres humanos es posible, independientemente
si ocurre entre hombres o entre un hombre y una mujer.
Estas formas de concebir lo masculino, tienen innumerables consecuencias.
Al respecto quiero destacar su influencia en el concepto de familia
y de lo estético.
Hasta el momento impera un solo modelo de familia: Esposa, esposo e
hijos, aunque con el tiempo algunos hombres y mujeres amantes de la
igualdad y la justicia han rescatado la idea de que una familia puede
ser un tío y un sobrino, por ejemplo.
Sin embargo, respecto a los homosexuales queremos llegar más
lejos, pues aseveramos que dos hombres pueden constituir una familia,
ya que pueden amarse y vivir durante largos períodos de tiempo
como cualquier otro tipo de institución social.
En el caso de lo estético, los homosexuales aportamos una nueva
sensualidad masculina que usa vestimentas, gestos, perfumes o cualquier
otra ornamenta para lucir mejor.
Esta moda, que antes estaba restringida al sexo femenino, es utilizada
por hombres homosexuales que no temen a las peluquerías ni a
innovadoras sastrerías que propugnan colores vivos y llamativos.
La moda menos conservadora, traspasa a lo gay y llega a lo imperante.
Los hombres heterosexuales reciben consejos de diseñadores homosexuales
para lucir mejor y los calzoncillos largos son cambiados por prendas
tan minúsculas como los biquinis.
De todas formas, la nueva masculinidad homosexual es asumida por una
minoría de los gays.
Sin embargo, anheló que en el futuro estas ideas se expandan
para hacer de las relaciones sociales entre los gays una realidad más
sana, justa, igualitaria, solidaria y democrática. Sólo
así, estaremos haciendo nuestro aporte para derribar los muros
que separan a todas las minorías discriminadas, las cuales han
terminado por ser la gran mayoría.
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